En 2005, con José Luis Rodríguez Zapatero se impulsó otro proceso extraordinario alcanzando la mayor regularización hasta la fecha, pues se beneficiaron 576.000 inmigrantes. Los criterios para acogerse fue residir en España desde antes de agosto de 2004, tener un contrato de trabajo de al menos seis meses y jornada completa y carecer de antecedentes penales. Por tanto, lo que diferencia respecto de las anteriores fue que el procedimiento burocrático fue mucho más exigente. Sin embargo, el contexto era el de una economía en expansión con mejores perspectivas de empleo incluso que en las anteriores legislaturas. Sobre la inexistencia de antecedentes penales, sí se exigía expresamente que el certificado extranjero estuviese legalizado o apostillado y traducido en su caso al español, mientras que en España lo comprobaba directamente la Administración a través del Ministerio del interior.
Lo que han pactado Podemos y PSOE en el presente 2026 es una regularización extraordinaria que pretende legalizar hasta 500.000 inmigrantes. Los requisitos son acreditar estar en España un mínimo de 6 meses y no tener antecedentes penales. Aparentemente, nada raro respecto de los anteriores procesos, pero la polémica está en el cómo se acreditan. Para la residencia, son suficientes documentos como el empadronamiento o contratos de alquiler que en principio son lógicos de solicitar, pero también facturas de servicios o billetes de transporte que dejan muchas dudas en su equiparación a los anteriores. Y eso sin mencionar que frente a los anteriores no se exige ni tan siquiera no haber solicitado permiso de trabajo o de residencia previamente. En cuanto a los antecedentes penales, obviamente los de España se obtienen automáticamente en conexión informática a los servicios policiales. Sin embargo, informes advierten de que aquéllos con antecedentes están dando por perdidos sus pasaportes para "resetear el juego" y partir desde cero. Además, para los cometidos en su país en caso de que no contesten en 30 días (algo previsible si hubiese avalancha de solicitudes) les bastaría una declaración responsable. Por otra parte, admitida a trámite la solicitud, se suspenden todos los procedimientos eventuales en curso tanto de expulsión como de retorno, algo que tampoco se termina de entender sin entrar a valorar en el fondo del asunto por el que se tramitan. Finalmente, la persona recibiría un permiso de residencia y de trabajo provisional por un año que se renovaría con arreglo a la Ley vigente.
Diferencia con el arraigo
El arraigo es, por el contrario, el mecanismo ordinario por el que una persona extranjera en situación administrativa irregular puede obtener residencia legal en España (caso por caso) y demostrando que ya está integrada en el país. Por tanto, frente a la regularización colectiva es un procedimiento individual que se regula en el Reglamento de Extranjería, siendo el actual el Real Decreto 1155/2024, de 19 de noviembre. Tras la reforma establecida en 2022 mediante el Real Decreto 629/2022, de 26 de julio, existen cuatro modalidades. El social, que necesita 3 años de permanencia continuada en España, contrato de trabajo de mínimo 30 horas, informe de inserción laboral y sin antecedentes penales; el laboral, que precisa de 2 años de permanencia, haber trabajado al menos 6 meses acreditado con actas de inspección y sin antecedentes; el familiar, destinado a familiares directos de ciudadanos españoles sin más requisitos que el vínculo y que otorga permisos de residencia de 5 años y el más reciente de formación, destinado a conceder residencia a extranjeros con compromiso de matricularse en formación profesional. Este último es sin duda un gran acierto, puesto que une integración con formación para el empleo. Sin embargo, los otros procedimientos son mucho más lentos y durante esos años de requisitos obviamente el extranjero vive en situación irregular, no puede trabajar legalmente y de forma eventual puede ser sancionado o deportado. Por lo tanto, se hace lógico que en circunstancias motivadas y excepcionales se lance un procedimiento extraordinario. Y sobre ello, ¿qué dice Europa?
Contexto comunitario
Desde el punto de vista de la Unión Europea, ésta no tiene realmente una política común de regularización de inmigrantes. El Derecho de la UE sólo regula entradas, fronteras, asilo y retornos, pero no tiene competencia ninguna sobre regularizaciones internas, ya que corresponde a la soberanía nacional de los Estados miembros. Así lo expresa el artículo 79.5 del TFUE, que reconoce el derecho de admisión por parte de aquéllos de nacionales de terceros países, esto es, extracomunitarios. Ahora bien, sí existe un marco de referencia que es la Directiva 2008/115/CE del Parlamento Europeo y del Consejo sobre el retorno de nacionales de terceros países en situación irregular. En su artículo 6.4 deja claro que los Estados miembros podrán conceder un permiso de residencia por causas humanitarias u otras. En ese término de "otras" entraría la regularización administrativa excepcional. En resumen, cada Estado decidiría qué requisitos solicita siempre que se respeten los derechos fundamentales y no exista discriminación, pudiendo incluso no solicitar ningún contrato de trabajo ni experiencia laboral ni tan siquiera las modalidades de regularización. Esa dispensa comunitaria chocaría con la ilegalidad material del Real Decreto que señaló el juez Jaime Lozano, lo que da para un debate jurídico complejo y difícil de resolver en un post. En cualquier caso, una irregularidad forzada o mantenida indefinidamente sería contraria al Derecho comunitario, de igual manera que si infringiera el principio de cooperación leal establecido en el artículo 4.3 del TUE que establece que los Estados no deben de poner en riesgo objetivos de la Unión, sus obligaciones o políticas comunes (espacio Schengen, fronteras, etc...). Sin embargo, eso tampoco quiere decir que la UE no tenga nada que decir.
Ante la noticia, se convocó, a instancia del PP europeo y para el pasado martes 10, un punto en la sesión entre eurodiputados y la Comisión a efectos de analizar los posibles efectos en el espacio Schengen y en las políticas de inmigración y seguridad. Esto es así porque la regularización permite que se puedan mover con libertad por todos los Estados miembros y de esta manera impacte legalizar a medio millón de personas. Intervino el comisario competente Magnus Brunner y recordó que son los Estados miembros los que deben de velar porque sus decisiones internas no tengan consecuencias en el resto, aseverando que España no puede convertir un permiso de residencia o de trabajo en un cheque en blanco para moverse por toda la UE y la normativa comunitaria ha de respetase. Además, advirtió que para que este procedimiento extraordinario de regularización fuese creíble debía de acompañarse con una expulsión de los irregulares, teniendo en cuenta que sólo uno de cada 5 irregulares en la UE es deportado. Pero el gobierno del PSOE está ejerciendo una mano aún más blanda con las deportaciones en comparación con legislaturas de tiempo idéntico como Rajoy o Zapatero como puede leerse en este enlace. En ese mismo, se sentido recordó que el Eurobarómetro refleja que un tercio de los encuestados está preocupado por la inmigración ilegal y casi un 90% pide una mayor unión de Europa contra ella. En ese sentido, la nueva reforma migratoria que pretende implantarse a partir de julio apunta hacia controles más estrictos en lo que se refiere a entradas de personas irregulares en el espacio europeo. Y es en realidad el camino hacia el que va Europa como podemos revisar en los siguientes países.
Gestión y contención de la inmigración irregular en Europa
Italia marca el camino impulsando la contratación en origen con las visas de trabajo y aprobando medio millón de permisos de trabajo a través del decreto Flussi para el trienio 2026-2028. Por la vía de la restricción, el decreto Piantedosi regula y limita la actividad de los barcos de ONGs que deben solicitar puertos para cada rescate (desincentivando la inmigración masiva o descontrolada), elimina la protección especial para solicitantes de asilo blindando por ley una lista de países seguros para agilizar devoluciones, siendo esta última planteada por la Comisión Europea (que entra en junio). También alcanzó acuerdos bilaterales con países y regiones como Túnez y Libia para reducir el flujo de inmigrantes, si bien lo más discutible es la externalización de la gestión de la inmigración albanesa en centros de los Balcanes.
En otro plano están varios países que han atravesado serios problemas con la gestión de la inmigración y de la inseguridad ciudadana. Francia ha endurecido las reglas para regularizar ligadas a la integración. Por el contrario, la extrema izquierda de Francia insumisa aboga por liberalizar y promover la inmigración masiva (y no es de extrañar que los nacionalizados los voten). Reino Unido también ha hecho lo propio con la residencia permanente, aumentando de cinco a diez años el mínimo requerido y debiendo de demostrar los inmigrantes que se han integrado y contribuido sosteniendo a la Seguridad Social, conocen y usan eficazmente el idioma inglés, carecen de antecedentes penales. El Gobierno de Dinamarca ha establecido cambios legales para facilitar la expulsión de extranjeros condenados por delitos graves (penas superiores a un año), reduciendo el margen para que los tribunales bloqueen por motivos tasados. Incluyen cooperación internacional para facilitar trámites de retorno y embajadas. Finalmente, Suecia se ha propuesto aumentar ayudas económicas para los que opten por marcharse de vuelta a su país hasta 32.000 € mientras que la agencia sueca de migración se dedica a detectar y frenar abusos en solicitudes de residencia, empleo irregular y fraudes administrativos.
Por supuesto, también existen en España medidas contradictorias como las que aprobó Ayuso en Madrid prohibiendo a los condenados por okupación (entre los que puede haber inmigrantes) a no ser beneficiario de una vivienda protegida durante 5 años. No se me ocurre limitación mejor para alentar al delincuente a que siga haciéndolo aunque haya pagado por ello. Bueno, la de exigirle un mínimo de diez años de residencia nada menos. Y qué decir del realojo de Menas en un chalet de lujo en La Rioja por el gobierno del PP. Como puede verse, el PP también yerra lamentablemente.
El problema de la integración social
No puede perderse de vista la dificultad de la integración social, el principal caballo de batalla de la inmigración tanto ilegal como legal, pero sobre todo de la primera. Y es el motivo de que se contenga la inmigración. Lo hemos hablado en varios posts, incluyendo referencias sutiles a lo políticamente incorrecto. Pero si los datos son "fachas" no es culpa nuestra, sino señales claras de que algo está fallando.
Regularizar no es integrar. Sólo cambia el estatus jurídico, pero no crea ni empleo, ni competencias lingüísticas, ni comprensión cultural, ni redes sociales ni acceso a vivienda. Muchos extranjeros ni conocen el idioma, ni el mercado laboral y ni tan siquiera cuentan con sólidas redes familiares. Además, predomina una alta heterogeneidad cultural y formativa, dado que muchos proceden de culturas donde otras religiones o leyes les interiorizan un estilo de vida muy distinto, con roles de género incompatibles con una democracia avanzada (¿ya saben por dónde voy, no?), no disponen de las habilidades o formación necesarias y por si fuera poco constituyen guetos en barrios donde la conexión se reduce a sus pares. Barrios con vivienda barata contribuyendo sin querer a la segregación residencial y reportándose conflictos con personas de otras nacionalidades y culturas (no sólo las españolas). Todo esto no sólo encarece sino multiplica la complejidad de cualquier política de inserción, entre otras cosas tensionando servicios sociales y sanitarios, oficinas de empleo, vivienda, etc para los que las administraciones dan la sensación de no estar preparadas y ni tan siquiera las saturadas ONGs. ¿Por qué? porque falta tanto financiación como recursos humanos generando cuellos de botella severos, pero sobre todo por la inexistencia de un plan de integración que sea capaz de absorber con éxito regularizaciones masivas de inmigrantes y que minimice la necesidad de deportar. Aspectos tan básicos como indicadores, enfocar la formación al empleo como se pretende con la última fórmula del arraigo, un reparto territorial inteligente incentivamente el asentamiento en zonas despobladas y que evite concentración extrema urbana y por supuesto colaboración de todas las administraciones. De lo contrario, podríamos estar hablando de un "efecto abandono" en el que el inmigrante legalizado se encontraría decepcionado y ya no hablemos del no regularizado.
Por lo tanto, sin una planificación previa cualquier regulación extraordinaria y máxime cuando el contexto actual precisamente no es de bonanza económica como en todas las experiencias previas sino de lo contrario (inflación, acceso a la vivienda más caro, etc...) puede estar abocada a crear más problemas que a solucionar. Si las administraciones no son capaces de coordinar un plan de inserción laboral, disponer de financiación finalista, reforzar los servicios públicos ni tan siquiera establecer unos indicadores de seguimiento, es más que obvio que hay que cerrar el grifo tanto de entrada como de permanencia. Puede sonar duro o fascista según la extrema izquierda, pero es lo que dicta la lógica y de hecho como vemos la dinámica en Europa está siendo de contención de la inmigración irregular.
Conclusiones
La propuesta que ha colado Podemos a PSOE peca a mi juicio de dos defectos. El primero está en la propia propuesta, que minimiza los requisitos como nunca ha hecho ningún procedimiento previo. Como mucho se podría comparar con los de Felipe González, pero el contexto no es nada comparable no ya porque eran tiempos de crecimiento económico sino porque los beneficiados fueron muchísimos menos. En esta ocasión, ni tan siquiera se les pide que hayan tramitado algún permiso de residencia o de trabajo aunque no lo tengan concedido y valen hasta simples facturas sin ni tan siquiera acreditar que no está de okupa o que no viva bajo un puente. Es regularizar por regularizar, aunque a Irene Montero, que cada vez que habla se duplica el precio del pan, se le "escapó" que el plan es que ese medio millón de inmigrantes pueda votar e incluso nacionalizarse para "reemplazar a los fachas". El segundo defecto, es la ausencia de un plan estudiado de integración que lidie con una enorme cifra de legalizados y la inexistencia de requisitos previos orientados a evaluar su propia integración inicial. Además, relacionado con este punto se añadiría un tercer elemento que es el mayor gasto en Sanidad y Servicios sociales destacando las ayudas económicas a los que la inmensa mayoría tendrían derecho, máxime si ni siquiera tienen medios para subsistir. Todo eso mientras nuestras pensiones presionan cada vez más al tiempo que impuestos y cotizaciones.
En definitiva, no se puede regularizar a expensas de que el mercado laboral absorba todo, los municipios gestionen el impacto y las ONGs amortigüen lo que puedan. El mantra de que van a pagarnos las pensiones es falso en el momento en que la balanza fácilmente se desequilibra en favor del coste de abonarle ayudas y pensiones, dado que la inmensa mayoría parte de una situación de precariedad en la que ni tan siquiera se le pide que busque trabajo. No, un enfoque improvisado no es progresista ni liberal sino insensato. Porque sin políticas activas y suficientes, el resultado no es la integración sino la segmentación laboral (cerrándose las vías de trabajo en unos pocos oficios manuales), la concentración territorial (tensionando algunos barrios o autonomías) y la perpetuación de economía sumergida. Por lo tanto, el caso actual se convierte más en una propuesta para generar impacto a corto plazo, desviar la atención de noticias menos propicias para la imagen del Gobierno y sus socios y la expectativa a largo plazo de instrumentalizar a los propios inmigrantes.




