Al margen de esa no menos importante cuestión formal, un discurso no necesariamente paternalista ni conservador podría entender como acertada la medida y compatible los fines de proteger a los menores. Sin embargo, ese anuncio esconde la preocupación del Gobierno por la sonora derrota del relato cultural en los más jóvenes, que al alcanzar la mayoría de edad parecen estar consolidando actitudes políticas contrarias a la izquierda que representa este gobierno de coalición y sus socios. Y lo que es más, resulta ser la tapadera de un auténtico plan para controlar el relato y las críticas en RRSS, chats y plataformas de streaming y vídeo. Siguiendo el comunicado que realizó Pavel Durov, CEO de Telegram en la misma aplicación de mensajería (que se englobaría dentro del concepto de redes sociales como también Whatsapp) vamos a desgranar los puntos más polémicos. Pavel comienza acusando al gobierno de Sánchez de pretender convertir a España en un "Estado de vigilancia" bajo la excusa de la protección de menores mientras que lo que encierran sus medidas son un atentado tanto a la libertad de expresión como a la privacidad de sus datos.
Prohibición de redes sociales para menores de 16 años con verificación de edad obligatoria
Un mecanismo a disposición de padres y madres es el control parental, tanto el de Google como el de Youtube y hasta Android o iPhone. Se puede tanto restringir por edad como monitorizar los accesos de los hijos menores de edad, introducir contraseñas, suprimir recomendaciones de contenido, restringirse a unas cuentas determinadas, compartir el uso de una misma cuenta... Obviamente todo esto ya entra en la responsabilidad de cada adulto pero igualmente en su deber y en su derecho. Empero, el Gobierno de España prefiere erigirse en tutor de los menores de 16 años. Sin embargo, ya recuerda esto a una anterior cortina de humo que ha sido reciclada, la del famoso pajaporte.
Se les ordena a las plataformas de redes sociales, mensajería y streaming que usen controles para verificar la edad de los usuarios, no sólo a lo menores de edad. Pero con ello tendrán que almacenar datos e información como los DNI e incluso datos biométricos como las huellas dactilares, tal y como usamos en nuestros móviles. Esto permitiría que el anonimato en las redes, que en realidad no es invulnerable por motivo de la IP de conexión y otros sistemas de rastreo, fuese cuestionable de proteger al ser capaz el Estado de capturar la identidad de cada usuario. De esta manera, la recopilación masiva de datos supondría un tesoro muy apetitoso para saltarse la privacidad y aprovecharlo por parte de políticos y no tan políticos para atacar a personas con discursos contrarios. Y es que no sería de extrañar recordando el lamentable doxeo (exposición pública y revelación de datos privados) y acoso personal y digital contra cuentas liberales o conservadoras que hicieron perros de presa como Isidoro Romane o el Canal Red de Pablo Iglesias e incluso jaleado por el consabido impresentable ministro Puente.
Responsabilidad personal y penal para los ejecutivos de plataformas
Si no se elimina rápidamente contenido “ilegal, odioso o perjudicial”, sus responsables podrían ser acusados penalmente. La probable consecuencia según Durov es que forzaría una autocensura excesiva, dado que las plataformas podrían llegar a suprimir cualquier mensaje mínimamente controvertida para ahorrarse riesgos. Lo que al Gobierno socialista le interesa es silenciar la disidencia política y no sólo las opiniones cotidianas sino también el periodismo no afín (los tachados de pseudomedios) y cualquier elemento que ose desafiar la narrativa "oficialista" aún con datos, argumentos, testimonios y pruebas.
Además, esto entronca con las recientes declaraciones de la ministra de Juventud Sira Rego afirmando que otra de las medidas que se podrían plantear sería incluso prohibir el acceso a X (antes Twitter). El contexto de referencia es el encontronazo en dicha red social entre Pedro Sánchez y Elon Musk, CEO de la misma, que criticó ferozmente a Pedro Sánchez por estas medidas a su juicio autoritarias (y del de muchos). Incluso se plantea si cuentas institucionales del Gobierno podrían abandonar X del mismo modo que cuentas de periodistas y activistas de medio pelo de la izquierda huyeron haciendo puñitos a Bluesky. La misma red donde pululan los pedófilos y la extrema izquierda se reporta hasta entre ella misma. X, en cambio, ha sido un espacio de libertad de expresión "un poco" más decente que antes y con gente de izquierdas y derechas sin que se suspendieran siempre cuentas del mismo lado. La novedad más importante, junto con la inteligencia artificial de Grok que aclara posts y crea imágenes, ha sido con el interesante mecanismo de las notas de la comunidad. Permiten por parte de los usuarios el poder desmentir bulos o poner en contexto ciertos posts, tal y como lo puede hacer Grok. Eso sí que ha sido innovar contra la desinformación. En cambio, sí se le puede achacar la mano blanda contra los bots de publicidad engañosa tipo "no sabía que la cámara seguía grabando" y que Grok se pasase de políticamente incorrecto fabricando imágenes.
Criminalización de la amplificación algorítmica
Amplificar contenido “perjudicial” a través de algoritmos se convierte también en delito y eso significa que aquellos contenidos que se acuerdo con el punto anterior se califiquen de perjudicial serán vetados y objeto de sanciones. El Gobierno, excusándose en combatir la "manipulación algorítmica" no puede permitir no ya la expresión de opiniones consideradas peligrosas para su discurso, sino tampoco la propia difusión de las mismas a través de la rueda algorítmica. Esa rueda informática que nos expone cada vez más frecuencia los vídeos, imágenes y cuentas relacionadas con lo que consumimos (likes, comentarios, compartidos, etc...) y que igualmente transmiten mensajes similares. Esto es control del relato en toda regla para remontar la derrota en la guerra cultural de las redes sociales. Únicamente la propaganda difundida por influencers como Carla Galeote, Julia Salanders y miembros del equipo de opinión sincronizada estará protegida a pesar de que sigan difundiendo bulos y acusaciones gravísimas o sin pruebas. Por ejemplo contra Ayuso o Julio Iglesias, con el que El Diario y Nacho Escolar se han metido en un buen lío. En definitiva, el control del algoritmo y la amenaza de la denuncia se usarían como nuevas herramientas para mantener a la gente bien adoctrinada y alejada de mensajes nocivos para, por supuesto, el relato gubernamental.
Seguimiento de la “huella de odio y polarización”
No bastaría con intervenir los algoritmos y ni tan siquiera que los usuarios reporten en masa. No basta con que los mensajes sean rastreados, sino que las propias plataformas serán monitorizadas y expuestas por el Gobierno sobre cómo “alimentan la división y el odio”. Se pretende perseguir y castigar a los que encajen en definiciones discutibles de odio o polarizantes que pudieran ser en realidad críticas a las políticas del gobierno y no discriminaciones a colectivos "protegidos". Es preciso recordar como el propio Gobierno de España echa en cara a la oposición como responsable exclusiva de la polarización. Los mismos que, aparte de inventar "palabros" infantiles para escorar más a la gente como "fachosfera" o reinventar la definición de lo que significa bulo o desinformación, cuentan con mercenarios mediáticos tanto en la televisión pública como en medios privados para, sin las cortapisas que tiene ser cargos públicos, difundan mensajes de odio o de supuesto humor contra personas por opinar diferente, ridiculizando sus puntos de vista y señalando a la mitad de la población. Sí, eso es lo que hace Televisión Española y personajes como Javier Ruiz y su pareja Sara Pérez, uno ejerciendo de abogado defensor del PSOE y fiscal contra la oposición y la otra chillando como una verdulera en cada espacio de debate y realizando acusaciones gravísimas. ¿Cómo no va a contribuir esta gente a la polarización política? Si son los mayores creadores de votantes de VOX e incluso Alianza Catalana.
Con la monitorización de la denominada "huella de odio" se podrían restringir o suspender cuentas de redes sociales tanto de la oposición como de medios de comunicación o ciudadanos particulares, dado que de no hacerlo siempre tendría el Gobierno la opción de optar por la prohibición del acceso a la red concreta o funcionamiento de la misma en España. Un nuevo desafío a la libertad de expresión promoviendo la censura en supuesto pro de la seguridad de los menores. Por si fuera poco, pudiendo sentar un precedente que convertiría en viables resoluciones tan polémicas como la del juez Pedraz, que ordenó suspender todo el acceso a Telegram en España para investigar - a raíz de una demanda interpuesta por las televisiones - la difusión de contenido pirata de retransmisiones deportivas.
Conclusiones
La obsesión por intervenir, regular y prohibir es consustancial a un gobierno socialista (que no socialdemócrata) como es el caso paradigmático del Sanchismo, que necesita recurrir a ello como forma de tapar sus vicios, errores, incompetencia y corrupción. La agenda pública y poder manejarla a su antojo es un recurso lo suficientemente apetitoso como para no hacer remilgos en activar el botón y más gracias a esa prensa domesticada cuando no directamente a sueldo como RTVE. Más aún tratándose de espacios en los que sus brazos mediáticos no llegan y sus creadores de contenido apenas lo hacen pese a estar subvencionados con dinero público por el Ministerio de Igualdad y el de Política Territorial y "memoria democrática". Y lo que es peor, se apoyan en la polarización a la que ellos mismos han contribuido más que nadie y hasta con el apoyo de la izquierda a su izquierda tanto política (Podemos) como mediática (Canal Red) aún a pesar de que están más en modo oposición. Para que tanta gente de izquierdas haya interiorizado este neolenguaje agresivo que poco tiene que envidiar a la auténtica ultraderecha (y que no somos todos los que nos oponemos a este insensato Gobierno), ha sido necesario un trabajo continuo. Porque, lamentablemente, cuando sólo interesa mantener el poder y seguir cobrando dinero público, no existe moral ni reflexión. Sólo blanquear cualquier investigación de corrupción y revertir las responsabilidades de sus negligencias en los demás, proyectando en ellos la perfidia que despiden por todos sus poros. Y es que el Sanchismo consiste en todo esto.





